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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Ven por mi, muerte - Sara Graciano

Paul Gustave Dore - Raven
Quiero morirme
Una o dos veces si acaso,
La tercera ya sería la vencida…

Morir,
Con la fragancia del llanto incontrolable
Con las manos puestas en el corazón
De un herido por la llama del amor

Quiero morirme,
En los brazos de un ángel
Que me diga que me ama
Y que me seguirá a donde vaya

Morir,
Como está muerto el cadáver
Del que se alimenta el ave de rapiña
Como muere la flor si no la riegan
Como muere la tarde y se torna en tinieblas

Morir,
En un día gris y lejano como este
Con la vista puesta en el pasado
Y la navaja puesta en el futuro…

Morir,
Con el dolor intenso de lo ajeno
Y del destino que se nubla
Y no da paso

Quiero morirme,
De sufrir y no de risa...

jueves, 13 de diciembre de 2012

Faro - Sara Graciano

Si vos sos la luz de este poema,
Imagínate la guía de mi noche
Libre corre el viento por las sombras
Libre corre mi cuerpo sobre el tuyo

Si vos sos la luz de este poema
Mirá entonces mi cama esta toda oscura
Y mi pecho se estremece con tus soles
Que iluminan la ventana de mi vientre

Si vos sos la luz de este poema
Yo te pido que mis versos te obsesionen
Y si acaso una copa te hace falta
De un trago mis palabras te las tomes

Si vos sos la luz de este poema
Supón que es lo que pasa entonces
Estas aquí y allá con tus canciones
Con tus palabras que fascinan y descubren

Si vos sos la luz de este poema
Siéntete orgulloso hombre
Porque yo no beso con mis labios a cualquiera
Y solo a pocos abrazo en mi poema

Gonzalo Rojas - Instantánea

El dragón es un animal quimérico, yo soy un dragón
y te amo,
es decir amo tu nariz, la sorpresa
del zafiro de tus ojos,
lo que más amo es el zafiro de tus ojos;

pero lo que con evidencia me muslifica son tus muslos
longilíneos cuyo formato me vuela
sexo y cisne a la vez aclarándome lo perverso
que puede ser la rosa, si hay rosa
en la palpación, seda, olfato
William Adolphe Bouguereau - The Wave

o, más que olfato y seda, traslación
de un sentido a otro, dado lo inabarcable
de la pintura entiéndase
por lo veloz de la tersura
gloriosa y gozosa que hay en ti, de la mariposa,

así pasen los años como sonaba bajo el humo el célebre
piano de marfil en la película; ¿qué fue
de Humphrey Bogart y aquella alta copa nórdica
cuya esbeltez era como una trizadura: qué fue
del vestido blanco?

Décadas de piel. De repente el hombre es décadas de piel, urna
de frenesí y
perdición, y la aorta
de vivir es tristeza,
de repente yo mismo soy tristeza;

entonces es cuando hablo con tus rodillas y me encomiendo
a un vellocino así más durable
que el amaranto, y ahondo en tu amapola con
liturgia y desenfreno,
entonces es cuando ahondo en tu amapola,

y entro en la epifanía de la inmediatez
ventilada por la lozanía, y soy tacto
de ojo, apresúrate, y escribo fósforo si
veo simultáneamente de la nuca al pie
equa y alquimia.

Aida Elena Parraga - Margarita te quiero contar un cuento...

Estoy a punto de caer
en el pozo avellana
de tus ojos...
Me aferro a mis razones,
a las pocas raíces que la vida
me ha ido creciendo en el alma...
Pero me empujan las estrellas
que te brillan en el fondo
y, como otra Margarita traviesa,
me inclino desde el borde de tus labios
tratando de atraparlas.
Entonces me resbalo,
me resbalo,
me resbalo,
caigo sin voluntad en tu deseo...
Aquí no hay elefantes
ni dos ni cuatrocientos,
aquí
las plumas de tus manos,
aquí
mi piel vistiéndose de versos.

Ana Rossetti - Where Is My Man

Nunca te tengo tanto como cuando te busco
sabiendo de antemano que no puedo encontrarte.
Sólo entonces consiento estar enamorada.
Sólo entonces me pierdo en la esmaltada jungla
de coches o tiovivos, cafés abarrotados,
lunas de escaparates, laberintos de parques
o de espejos, pues corro tras de todo
lo que se te parece.
De continuo te acecho.
El alquitrán derrite su azabache,
es la calle movible taracea
de camisas y niquis, sus colores comparo
con el azul celeste o el verde malaquita
que por tu pecho yo desabrochaba.
Deliciosa congoja sí creo reconocerte
me hace desfallecer: toda mi piel nombrándote,
toda mi piel alerta, pendiente de mis ojos.
Indaga mi pupila, todo atisbo comprueba,
todo indicio que me conduzca a ti,
que te introduzca al ámbito donde sólo tu imagen
prevalece y te coincida y funda,
te acerque, te inaugure y para siempre estés.

Poema de La Despedida - José Ángel Buesa

Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.
Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste... No sé si te quería...
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste, y apasionado, y loco,
Me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho... no sé si te amé poco;
Pero sí sé que nunca volveré a amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
Y el corazón me dice que no te olvidaré;
Pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,
Tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós, y acaso, con esta despedida,
Mi más hermoso sueño muere dentro de mí...
Pero te digo adiós, para toda la vida,
Aunque toda la vida siga pensando en ti.

lunes, 10 de diciembre de 2012

A propósito de la escopeta - Nicanor Parra

HAY QUE PAVIMENTAR la cordillera
pero no con cemento ni con sangre
como supuse en 1970
hay que pavimentarla con violetas
hay que plantar violetas
hay que cubrirlo todo con violetas
humildad
igualdad
fraternidad
hay que llenar el mundo de violetas


EL JILGUERO CHILENO —creo yo—
tiene la obligación de mantenerse en silencio
mientras no recupere su libertad
y no pensar en nada que no sea
la libertad
la puerta de la jaula
actos y no palabras deliciosas

o recupera su nombre de pájaro
que significa amor a la libertad
o se hace acreedor al de reptil

el colmo de los colmos
es ponerse a cantar versos de ciego
como si en Chile no ocurriera nada

POR SINCERO casi me jodo
por optimista me embromé
por compasivo —por humilde
recibo mi buen puntapié:
eso pasa por pelotudo
por andar predicando el bien

Menos mal que todo ha cambiado
ahora que robo a granel
medallas de oro y de plata
ahora que como por cien:
todos me respetan ahora
que no pido ni doy cuartel

Soy el regalón de la Chimba
ahora que perdí la fe
espero que me canonicen
de un momento a otro. Amén


17 ELEMENTOS SUBVERSIVOS
fueron sorprendidos ayer
en los alrededores de La Moneda
transportando naranjas
y un ejemplar de la Sagrada Biblia

3 de ellos se dieron a la fuga
no sin antes batirse con la policía
que se vio obligada a actuar en defensa propia

los delincuentes resultaron muertos

DÍGASE LUPANAR y no prostíbulo
meretriz en lugar de prostituta
Nuestro Señor
en vez de Jesucristo
Vía Láctea —no Río Jordán

la palabra es el hombre
no diga nunca sol
diga astro rey
diga Pronunciamiento Militar
y verá cómo le suben los bonos

si dice golpe lo mirarán de reojo

feo decir bachicha
diga mejor ciudadano italiano
más respetuoso
mucho más cristiano

lo que oyen señoras y señores
el que dice corcel en vez de caballo
tiene su porvenir asegurado


POESÍA POESÍA todo poesía
hacemos poesía
hasta cuando vamos a la sala de baño

palabras textuales del Cristo de Elqui

mear es hacer poesía
tan poesía como tañer el laúd
o cagar o poetizar o tirarse peos

y vamos viendo qué es la poesía

palabras textuales del Profeta de Elqui


Y POR FAVOR destruye este papel
la poesía te sigue los pasos
a mí también
a todos nosotros

viernes, 7 de diciembre de 2012

Mario Benedetti - Viceversa

Francine Van Hove 
Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte

tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte

tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte

o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Fragmento de Benedetti

2011
“Me acerqué, yo también miré cómo llovía, no dijimos nada por un rato. De pronto tuve conciencia de que ese momento, de que esa rebanada de cotidianidad, era el grado máximo de bienestar, era la Dicha. Nunca había sido tan plenamente feliz como en ese momento, pero tenía la hiriente sensación de que nunca más volvería a serlo, por lo menos no en ese grado, con esa intensidad. La cumbre es así, claro que es así. Además estoy seguro de que la cumbre es solo un segundo, un breve segundo, un destello instantáneo y no hay derecho a prorrogas.”


martes, 4 de diciembre de 2012

Canción antigua a Che Guevara - Mirta Aguirre

"Sans peur et sans reproche..."

-¿Dónde estás, caballero Bayardo,
caballero sin miedo y sin tacha?
-En el viento, señora, en la racha
que aciclona la llama en que ardo.
- ¿Dónde estás, caballero gallardo,
caballero sin tacha y sin miedo?
-En la flor que a mi vida concedo:
en el cardo, señora, en el cardo.
-¿Dónde estás, caballero seguro,
caballero del cierto destino?
-Con la espada aclarando camino
al futuro, señora, al futuro.
-¿Dónde estás, caballero el más puro,
caballero el mejor caballero?
- Encendiendo el hachón guerrillero
en lo oscuro, señora, en lo oscuro.
-¿Dónde estás, caballero el más fuerte,
caballero del alba encendida?
-En la sangre, en el polvo, en la herida,
en la muerte, señora, en la muerte.
-¿Dónde estás, caballero ya inerte,
caballero ya inmóvil y andante?
-En aquel que haga suyo mi guante
y mi suerte, señora, mi suerte.
-¿Dónde estás, caballero de gloria,
caballero entre tantos primero?
-Hecho saga en la muerte que muero:
hecho historia, señora, hecho historia.

Soneto - Mirta Aguirre

La huida - Cot, Storm 1880
Amor, raro es amar si ya se ha amado.
Amor, raro es volver al mismo puerto.
Raro el amor que no se mira muerto
cuando los años-tantos- han pasado.

Es raro amor, amor resucitado
que desde el tiempo yergue el fuego cierto.
Distancia y tiempo, sabe el pecho experto,
son el frutal de amores, viento helado.

La vida borra, pasa, desengaña,
tiene un paciente corazón amargo
que enseña a dejar irse lo perdido.

Y siendo así la vida, ¿No te extraña
que un amor pueda hacer surco tan largo,
que un amor que se fue, no se haya ido?

martes, 20 de noviembre de 2012

Noche previa al día 20 - Sara Graciano

Para una noche como esta,
Un vino vendría bien
O una canción de esas tristes
Como una de Milanés.

Para una noche como esta,
Sería bueno un buen frio,
Que me endureciera el alma,
Y me congelara los pies.

Una noche como esta,
Merece bien un cigarro
O un vicio de esos tontos,
O un amargo café.

Para una noche sublime
Sería buena la luna
Que se atraviese en mi cuarto
Y me vuelva el mundo al revés

Y un buen libro de esos viejos
Que huelen a muchos años
Y una guitarra melancólica
Que me haga olvidar el deber

Esta noche amerita
Ver las fotos del ayer
Darse cuenta de esa gente
Que se fue sin volver


Contar historias y anécdotas
E invadirse de recuerdos
Y embriagarse con nostalgia,
Y sumergirse en los sueños.

Para una noche como esta
Estaría bien un cliché
O una caricia que sonroje
Y un beso con timidez.

La soledad no merece
Un gesto tan descortés,
A mí me gusta esta noche,
Sin mimos, sin compañía
Y llena de lividez.

viernes, 16 de noviembre de 2012

La lluvia nada en el lago - Sara Graciano

Te me acercas y llueve
Llueve en las cumbres de mi cuerpo
Y en la curvilínea luna que rodea mis caderas
Llueve en mi cuello, torre que exalta
La mirada que también llueve

Y llueve porque te veo como un lago
Que anda secándose y muere
Por lo pesada que se hace la vida
Si la descubres

Llueve en mis tibias manos,
Cuando te miro y no puedo hablarte
Porque te encuentras tan escondido,
Que ni la fuerza puede encontrarte

Llueve porque tu ausencia
Grita cuando me hablas
Y cuando tú gesto triste,
Me suplica que te ayude

Y llueve cuando recojo
Despojos de tu inocente locura
Llueve más cuando te vas, no te despides
Y pierdo la cordura

Tú te me acercas y llueve
Llueve en mis orejas
Cuando las tocas disimulando
Y llueve porque te quedas
Viendo el horizonte y no entiendo
No entiendo porque no entiendes
Que una mujer anda lloviendo
Porque te quiere, y quiere un beso,
De tu incomprensible amargura.

Yo lluevo por tu ternura,
Y tu laguna secándose
Yo lluevo porque me pones
Rosadas las manos,
Y sacas de mi todo aquello
Que alguna vez he desechado.

Y lluevo aun más
Porque quiero humedecer tu orilla
Y lluevo por temor a que te des cuenta,
De que llueve en mis ojos todas las noches,
Porque no quiero que sepas
Que quiero nadar en tu lago.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Los Descansos - Mario Benedetti

I
Ni ahora ni después
ni al mediodía
ni en la tarde brevísima
ni en la noche pesada
ni mañana
ni dentro de diez díaz
tendré
lo que se dice
tiempo
de ahí que el descanso sea
una gloriosa
inmerecida siesta
que siempre duermen
otros.
Hippolyte-Flandrin-hombre junto al mar

II
Uno quisiera a veces conseguir un insomnio
para tasar con calma
con coldura
los fracasados los viles resonancias
y aprender del silencio
ese maestro
un insomnio sin miedo
sin ruidos evidentes
agresivos

a lo sumo escuchar la tarea ominosa
de los tercos roedores de la noche
sentir cómo sus dientes
diminutos
constantes
destruyen el futuro

un insomnio sereno
para que el viejo espíritu
o la nueva cabeza
canjeen de una vez sus exiguas angustias
por una angustia grande
crecida
verdadera

pero ya no se puede
no existe ese derecho

a la noche uno cae como a una roca ajena
como un susto
de plomo
y el sueño es nada más que una vacía
sinopsis de la muerte.

Mirarme hoy es ponerse más triste que una calle...- Ángel García López

Mirarme hoy es ponerse más triste que una calle
a la que el viento hubiese dejado sin visillos.
Es ser como una alcoba sin camas habitables,
como un tejado roto que asustara los nidos.

Me miras y te afliges y quieres acercarle
la memoria a mis ojos de nuestro tiempo vivo.
Hoy tengo la esperanza color de algunos árboles,
de aquellos que en otoño se mueren de amarillo.

No sé dónde ponerme los huesos en la carne,
cómo esconderle al pecho su largo pasadizo.
Mirarme hoy es ponerse más triste que una clase
sin tiza y sin pupitres, donde no hubiese niños.

Confieso que te quiero más que nunca esta tarde,
hoy que tiemblas de miedo junto a mi maleficio.
Tus ojos se me entregan como el rostro de un parque
donde, nuevos, los sauces emigraran de sitio.


Me miras y sostienes un pájaro en el aire,
el cielo respirable que me ha sido prohibido.
Tus manos me consuelan con su fruta abundante,
van sanándome dentro más despacio que un siglo.

Miras como ofreciendo tus ojos inyectables,
tus ojos enfermeros frescos como un racimo.
Mirarme hoy es ponerse más triste que un paisaje
donde nunca las ramas despertaran de mirlos.

Y yo, porque te amo, me oculto en este traje
de sábanas que lavan su muerte los domingos.
Me asomo a tus dos ojos como a dos ventanales.
Confieso que te quiero como nadie te quiso.

Porque tú, que me miras, ya no encuentras a nadie.
Nadie que me conozca puede decir que existo.
Acuden a mis ojos tus ojos a llorarme.
Llegas a despedirte. Te has mentido, amor mío.

Disyuntiva - Sara Graciano

Quiero un beso del inocente
Pero también quiero uno del aventurero
Me imagino el del inocente
Tierno y llevadero
Y el del aventurero, me lo imagino
Pasional y pasajero

Quiero un momento dulce,
Mirarle a los ojos y que me despeine el viento
Pero quiero también uno alucinante
Que yo lo bese y se detenga el tiempo

Quiero un beso del rosa
y un beso del amarillo
uno que me sonroje
y otro que me de energía

Quiero un beso, tan solo un beso
De ese que me habla con risas
Pero también quiero uno
Del que mira sin prisa

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Inercia - Sara Graciano



Quiero hablar contigo y no puedo.
No puedo hablar contigo porque estás lejano.
Y no es que estés lejos, no,
Simplemente estás lejano.

Tu alma está a millones y millones de kilómetros.
Y por más que grite no me escuchas,
¿Entiendes?
Oyes mis palabras pero no entiendes
El lenguaje del alma,
Porque cariño mío estas extremadamente lejano.
¿Comprendes bien?
No estás lejos sino lejano

domingo, 4 de noviembre de 2012

Te pinto un sol - Reina María Rodriguez

Francine Van Hove 
estos poemas se escribieron para otra soledad
pero vuelven a ser los mismos
aunque no sea yo quien los invente
ni tú el que los traiga con naranjas y besos.

jamás podré ser otra
convertirme en el tono de una voz
en unas manos que no me pertenecen.
soy yo
y tendrás que perdonarme mis impulsos
la manera de arriesgar el amor.
estoy hecha de todos los desastres
el mundo me consterna y solicita.
hoy ha salido el sol
y ya no tengo miedo a que te pierdas
a que no pueda descubrirte
a que jamás hayas existido más que a mis ojos.
quisiera abrazarte decir por qué
un hombre es más que un cuerpo
que únicamente en tí me desparramo
que únicamente pido cortezas de árboles
-pequeñas primaveras en mis libros-
que odio los encajes y las exaltaciones
que te contemplo y gozo
si andamos por las calles cuando el viento
vuelve a enredar mi falda y sus amores.
estoy desnuda y triste
alegre de saber mis impaciencias
de cometer errores
de lanzar estas piedras
que jamás llegarán a parte alguna.

tengo a mi lado los juguetes para amar la vida
duendes y muñecas que se fueron
regresan a la casa
porque contigo vuelven mis primeros adornos
y quiero ser única en estos ruidos
en las soberbias del mundo
no pasar sin una sola catástrofe.

la vida es si te miro
eres un hombre soy una mujer
éste es el mar aquél el horizonte
te pinto un sol
y juego al arco iris.
todo es sencillo y firme sobre el mundo.

sábado, 3 de noviembre de 2012

El modo inentendible - Sara Graciano

Retozamos en el lecho, y la piel del otro nos abrigaba, había una luz tenue cual película romántica, pero aquello que se batía en esa sabana no era un romance, era amor, del más puro y claro que se haya visto. Sus brazos rodearon mi cuerpo moribundo, y sus dedos pasearon tímidos cada centímetro de piel, y sus ojos, poco interesados en observar un cuerpo ya observado, miraban fijamente los míos con esa angustia que trae los finales. Mi cabello que se encontraba empapado en sudor, continúo empapándose con lágrimas, lloré con una alegría y una tristeza que jamás había combinado. Confesé cada cosa que sentía, estaba ebria, me había embriagado con sus besos, con su amor, con su locura, con su marcada indiferencia a lo que estaba pasando afuera.


Todo fue locura, ni siquiera éxtasis, solo locura…sus ojos mirándome con esa fuerza de huracán que nunca había visto en sus ojos, y su abrazo final lleno de llanto, y un “te amo” que salió de lo más profundo de su alma…su alegría y su tristeza cayendo por mis hombros, y la desnudez de nuestros cuerpos sin vergüenza. Me sentía más abrigada que nunca, aun cuando ni un pedacito de tela me cubría la piel. Y luego salió de mis labios ese: “yo también te amo pero de un modo inentendible”. Jamás había sentido algo igual, y creo que jamás volveré a sentir algo semejante…

sábado, 27 de octubre de 2012

La verdadera historia de Narciso

Michelangelo Merisi da Caravaggio - Narciso
"El alquimista cogió un libro que alguien de la caravana había traído. El volumen no tenía tapas, pero consiguió identificar a su autor: Oscar Wilde. Mientras hojeaba sus páginas encontró una historia sobre Narciso.
El alquimista conocía la leyenda de Narciso, un hermoso joven que todos los días iba a contemplar su propia belleza en un lago.
Estaba tan fascinado consigo mismo que un día se cayó dentro del lago y se murió ahogado. En el lugar donde cayó nació una flor, a la que llamaron narciso.
Pero no era así como Oscar Wilde acababa la historia.
Él decía que, cuando Narciso murió, llegaron las Oréades -diosas del bosque- y vieron el lago transformado, de un lago de agua dulce que era, en un cántaro de lágrimas saladas.
-¿Por qué lloras? -le preguntaron las Oréades.
-Lloro por Narciso -repuso el lago.
-¡Ah, no nos asombra que llores por Narciso! -prosiguieron ellas-.
Al fin y al cabo, a pesar de que nosotras siempre corríamos tras él por el bosque, tú eras el único que tenía la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.
-¿Pero Narciso era bello? -preguntó el lago.
-¿Quién si no tú podría saberlo? -respondieron, sorprendidas, las Oréades-. En definitiva, era en tus márgenes donde él se inclinaba para contemplarse todos los días.
El lago permaneció en silencio unos instantes. Finalmente dijo:
-Yo lloro por Narciso, pero nunca me di cuenta de que Narciso fuera bello.

Lloro por Narciso porque cada vez que él se inclinaba sobre mi orilla yo podía ver, en el fondo de sus ojos, reflejada mi propia belleza.-¡Qué bella historia! -dijo el Alquimista."

Prologo de El Alquimista, Paulo Cohelo

Jaime Sabines - Los amorosos

Josefina a la ventana - Toni Conejo
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.

Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.

viernes, 19 de octubre de 2012

Respiro-Suspiro - Sara Graciano


Montañas - Débora Arango
Aprendí otra forma de amar, como correr descalzo, como vivir en un árbol, sin contar las horas, solo eso, amar…en calma, en éxtasis, en virtud de los astros luminosos, en la noche que se funde con el horizonte…

Un modo semejante al abrigo después de la lluvia, o a un lecho en medio del frio. Un regazo me acoge esperanzado, y yo preparo en su vientre mi nido. El brillo de ciudad me ilumina los ojos, su brillo espiritual teje en su rostro un par de hoyuelos, el amor me sonríe, él me sonríe, y mi guerra con su alma, se pacifica toda en suspiros.

Esta forma que he aprendido, no envidia a la nube almidonada con sueños, vuelo libre en su escuálido cuerpo, me reflejo en su cálido espejo, soy esta mujer por sus besos.

Bien, encontré otro modo de amar, uno semejante a una caída libre desde el cielo, me hizo extender mis alas, y ahora soy como un país después de una revolución del pueblo, libre, tranquila y diferente…

jueves, 18 de octubre de 2012

Pablo Neruda - Soneto XVII (Cien sonetos de amor)

Escena interior, Alex Alemany
No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.

Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.

Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,

sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.

martes, 9 de octubre de 2012

¿Vos te imaginas? - Sara Graciano


Que yo decidiera amarte,
Así infinitamente,
Y entonces te entregara
Toda esa locura que viene cuando uno ama…
Y te contara esas historias
Que nunca he contado a nadie
Y te dijera esas cosas
Que se me ocurren por instantes
Y te hablara de esos sueños
De los que no hablo por ser utopías

Que yo decidiera amarte
Y entonces enfrentarlo todo
Que no me importe nada
Vivir así libre
Y pensando en vos
Y andar siempre alegre
Poder hacer de la felicidad
Mi estado natural

¡Que yo decidiera amarte hombre!
Sería como la lluvia huyendo
Río arriba
Yo andaría en un despiste,
Como en el que ando ahora…
Sería una quimera,
Bah, ¡que tonta!

Que yo decidiera amarte
Y te dijera como ahora
Que yo quiero que me ames,
Que yo quiero que te quedes
Que no te vayas nunca,
Que yo quiero hacer parte de tu historia

domingo, 30 de septiembre de 2012

El hombre de deseos infinitos - Sara Graciano

Tenía en su mente la porcelana de su vientre,
Tenía grabada, la fecundidad de sus besos,
Y el rubí escondido bajo la tela oscura…
Y la marca que le había dejado en la oreja con sus dientes

Él tenía en sus recuerdos la suavidad de su espalda,
Y la ternura de sus senos, y la humedad de su cuello
Y no podía olvidarle
Y ya la echaba de menos,
Y él sentía que moría sin sus ojos ni su cuerpo

Recostado y en silencio intentaba callar sus deseos
Y ella luego aparecía, pero eran meros bosquejos,
Sus piernas se estremecían, cuando tocaba sus manos,
¡Qué loca imaginación! Sentía el rubí en los dedos…


Pero él la echaba de menos, aun si la tenía a su lado
Porque sabía bien que ella llevaba por dentro,
Ese tremendo talento de ser el cielo, el infierno,
De ser tan dulce y salada, y hacer detener el tiempo

Este hombre no podía borrar la insensatez del momento
Moría por repetirlo,
Volver su cuerpo a su cuerpo
Sentir su respiración,
Sentir la dicha hasta en los huesos,
Volver a poner sus labios,
En esa mujer de fuego…

La pasión y la locura se adentraron en el hombre
Y en la oscuridad de la noche, el desespera en su lecho
Recordando el regocijo que sintió y esa ternura,
Esa ternura que lo hace un hombre con infinitos deseos.

La burocracia/1 - Eduardo Galeano

Rodriguez Forges - burocracia
En tiempos de la dictadura militar, a mediados de 1973, un preso político uruguayo, Juan José Noueched,sufrió una sanción de cinco días: cinco días sin visita ni recreo, cinco días sin nada, por violación del reglamento. Desde el punto de vista del capitán que le aplicó la sanción, el reglamento no dejaba lugar a dudas. El reglamento establecía claramente que los presos debían caminar en fila y con ambas manos en la espalda. Noueched había sido castigado por poner una sola mano en la espalda.

Noueched era manco.

Había caído preso en dos etapas. Primero había caído su brazo. Después él. El brazo cayó en Montevideo. Noueched venía escapando a todo correr cuando el policía que lo perseguía alcanzó a pegarle un manotón, le gritó: ¡Dese preso! y se quedó con el brazo en la mano. El resto de Noueched cayó un año y medio después, en Paysandú.

En la cárcel, Noueched quiso recuperar su brazo perdido:

-Haga una solicitud- le dijeron.
Él explicó que no tenía lápiz:
-Haga una solicitud de lápiz-le dijeron.
Entonces tuvo lápiz, pero no tenía papel:
-Haga una solicitud de papel- le dijeron.

Cuando por fin tuvo lápiz y papel, formuló su solicitud de brazo.

Al tiempo le contestaron. Que no. No se podía: el brazo estaba en otro expediente. A él lo había procesado la justicia militar. Al brazo, la justicia civil.

Tomado de: Galeano, E. (1998). El lbro de los abrazos . Bogotá: Tercer Mundo.

Corazón abatido - Sara Graciano



El día gris como en mis sueños,
Mi corazón está abatido en otro lecho
Mi alma purifica sus sentimientos,
Mis ojos ríen y lloran en silencio

Hoy es otro de esos días de vacío
Caigo al hoyo como el agua cae al río
Siento el viento recorrerme toda en el abismo
Mi cuerpo anda en zozobra, y repito, mi corazón abatido…

No hago más que esperar el tiempo,
Y la locura interminable de la noche,
Que la luna caiga toda entre mis dedos
Que la brisa toque mi alma, y me eleve al viento…

Siento sopor, un “no me hallo”
Mi aliento perdido
Mientras tanto no encuentro en nada regocijo
No encuentro nadie que comprenda este delirio…

Cruzo mi espejo, no encuentro nada,
Y aun espero
Que esa que mira con ojos tristes sea mi esperanza,
Pero mi corazón anda abatido y los ojos tristes mojan la llama…
Y la del espejo que está en silencio, me hiere el alma.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Salvador Díaz Mirón - Deseos

Yo quisiera salvar esa distancia
ese abismo fatal que nos divide,
y embriagarme de amor con la fragancia
mística y pura que tu ser despide.

Yo quisiera ser uno de los lazos
con que decoras tus radiantes sienes;
yo quisiera en el cielo de tus brazos
beber la gloria que en los labios tienes.

Yo quisiera ser agua y que en mis olas,
que en mis olas vinieras a bañarte,
para poder, como lo sueño a solas,
¡a un mismo tiempo por doquier besarte!

Yo quisiera ser lino y en tu lecho,
allá en la sombra, con ardor cubrirte,
temblar con los temblores de tu pecho
¡y morir de placer al comprimirte!

¡Oh, yo quisiera mucho más! ¡Quisiera
llevarte en mí como la nube al fuego,
mas no como la nube en su carrera
para estallar y separarse luego!

Yo quisiera en mí mismo confundirte,
confundirte en mí mismo y entrañarte;
yo quisiera en perfume convertirte,
¡convertirte en perfume y aspirarte!

¡Aspirarte en un soplo como esencia,
y unir a mis latidos tus latidos,
y unir a mi existencia tu existencia,
y unir a mis sentidos tus sentidos!

¡Aspirarte en un soplo del ambiente,
y así verte sobre mi vida en calma,
toda la llama de tu pecho ardiente
y todo el éter del azul de tu alma!

Aspirarte, mujer... De ti llamarme,
y en ciego, y sordo, y mudo constituirme,
y en ciego, y sordo, y mudo consagrarme
al deleite supremo de sentirte
¡y a la dicha suprema de adorarte!

Cecilia Ortiz - Autorretrato

Alex Alemany - Mujer
Cecilia mía
Terciopelo
Mi vida
Asaltas y seduces
Anima destructiva
Que preserva el alma
Querida iluminada
Construyes y azotas
Enamorada de tus defectos
Envidiosa de tus placeres
Ignorada por los espejos
Seducida por los ojos
Rara comedida
Inconmensurable
¿Cómo fue que llegaste a este mundo?
Desposeída privilegiada
Aterida
Risa a carcajadas de jugar por los otros
Revendida postrada
Prostituida santa
Tormento sereno de tus noches
Alba de casas
Acariciado la humedad
De una sola soledad
Cristalina borracha
Borrada y aparecida
Cuando tú quieras Cecilia
Saldremos otra vez
pero eso sí
Con la máscara
por favor sin ella
Me estoy acercando al triunfo de quererte
Espíritu retorcido
Naufragante
Viva muerta
A como dé lugar
Tremendista arrepentida

Culpable sin una culpa

Alguna vez me dijiste siempre - Sara Graciano

2010


Yo vivía de ilusiones…
Vos también.
Nos soñábamos mutuamente,
 Cuando dijimos infinito

Amamos nuestros cuerpos,
 Nuestros corazones,
 Nuestra rutina,
 Nuestros sueños,
 Nuestras peleas

Te envié notas con una sola palabra,
Con dos, con tres
Solo necesitaba decirte: siempre

El Cd, el lapicero, la sábana,
Todo aquello que tocaste tiene tu alma,
Y me recuerda que alguna vez estuviste

Te pregunté alguna vez: ¿hasta cuando sentiré esto?
Y loca e ilusamente me contestaste
SIEMPRE

Alguna vez me dijiste
Con los ojos iluminados por la ilusión de los míos:
SIEMPRE

lunes, 24 de septiembre de 2012

Reflexión de John Lennon

Nos hicieron creer que el “gran amor”, sólo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años. No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado.

Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completarlo que nos falta.

Las personas crecen a través de la gente. Si estamos en buena compañía es más agradable.

Nos hicieron creer en una fórmula llamada "dos en uno": dos personas pensando igual, actuando igual...que era eso lo que funcionaba! No nos contaron que eso tiene un nombre: anulación. Que sólo siendo individuos con personalidad propia podremos tener una relación saludable.

Nos hicieron creer que el casamiento es obligatorio y que los deseos fuera de término, deben ser reprimidos.

Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más amados.

Nos hicieron creer que sólo hay una fórmula para ser feliz, la misma para todos, y los que escapan de ella están condenados a la marginalidad. No nos contaron que estas fórmulas son equivocadas, frustran a las personas, son alienantes, y que podemos intentar otras alternativas.

Ah, tampoco nos dijeron que nadie nos iba a decir todo esto: cada uno lo va a tener que descubrir solito.

Y entonces, cuando estés “enamorado de ti mismo" podrás ser feliz y te enamorarás de alguien.

Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor aunque la violencia se practica a plena luz del día.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Teoría del cerillo


“Mi abuela tenía una teoría muy interesante, decía que si bien todos nacemos con una caja de cerillos en nuestro interior, no los podemos encender solos, necesitamos,…, oxigeno y una vela. Sólo que en este caso el oxigeno tiene que provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada; la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender uno de los cerillos. Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión a reavivarlo. Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse uno de ellos, es lo que nutre de energía al alma. En otras palabras, esta combustión es su alimento. Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores, la caja de cerillos se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo.
Si eso llega a pasar, el alma huye de nuestro cuerpo, camina errante por las tinieblas más profundas tratando vanamente de encontrar alimento por sí misma, ignorante de que sólo el cuerpo que ha dejado inerme, lleno de frío, es el único que podría dárselo…

…Por eso hay que permanecer alejados de personas que tengan un aliento gélido. Su sola presencia podría apagar el fuego más intenso, con los resultados que ya conocemos. Mientras más distancia tomemos de estas personas, será más fácil protegernos de su soplo…

…Hay muchas maneras de poner a secar una caja de cerillos húmeda, pero puede estar segura de que tiene remedio…

…Claro que también hay que poner mucho cuidado en ir incendiando los cerillos uno por uno. Porque si por una emoción muy fuerte se llegan a encender todos de un solo golpe producen un resplandor tan fuerte que ilumina más allá de lo que podemos ver normalmente y entonces ante nuestros ojos aparece un túnel esplendoroso que nos muestra el camino que olvidamos al momento de nacer y que nos llama a reencontrar nuestro perdido origen divino. El alma desea reintegrarse al lugar de donde proviene, dejando el cuerpo inerte…”

Fuente: Como agua para chocolate - Laura Esquivel

Carta al sujeto inesperado - Sara Graciano

Amantes - Alex Alemany
Desleírme ante tus ojos es muy poco,
sucumbir a tu mirada es lo de menos
sujeto loco que aparece en forma loca,
no te aparezcas más en mis sueños

No soporto ver tu pelo despeinado,
Ni tu sonrisa, ni tus brazos de niño.
Sueño haciéndote el amor,
o dándote un beso,
sueño nuestra desnudez y tu mirada

No me sigas más en la memoria,
no te internes más en mis deseos.
Te imagino viéndome las piernas y los senos,
Y sintiendo lo que siento yo cuando te veo

No sonrías cuando hablo que me muero,
Y me revives con tus historias y aventuras

Mira sujeto no me sigas que soy débil
Y malisima para guardar secretos.
Si te hablo y me desnudas las ideas,
imagínate desnudándome el pensamiento

Sujeto osado no me creas si te digo,
Que te quiero hacer el amor o darte un beso

viernes, 31 de agosto de 2012

Madrugada - Sara Graciano

2011

Recorriste con espera cada verso de mi cuerpo
Impregnaste tu locura
Transformaste mi vientre y mis senos
Bendita sea aquella hora
Aquel instante de demencia.
Si te espero, si te espero…
¿Volverás artista a tu lienzo?

Día 20 - Sara Graciano

2011

Y entonces invadió su alma mi cuerpo,
Intenté recordar sus ojos pero no pude,
En mi pecho había algo atravesándome

Era el apocalipsis,
Mis piernas se hundían,
Mis ojos se inundaban
Era angustia…

La luna estaba llena, la noche vacía
Brillaban mis labios carmesí,
Y mi pecho se oprimía,
La locura de pronto invadió mis pensamientos,
Intenté escapar de mi misma,
Pero no era yo mi prisionera…

Fue la noche más triste de mi vida
Fue la mejor noche de mi vida
Fue dolor del alma…casi del cuerpo
Fue el fin de mi ruina
Fue la noche libre

Fue el fin del cielo escarlata
Y el comienzo del celeste…


martes, 28 de agosto de 2012

Intriga - Sara Graciano

(2009)

Penélope - Alex Alemany
Yo siento que te conozco…tal vez en un sueño…
Te encontré…te hablé…hasta te sentí

No te vi, nunca te vi otra vez…
Te besé…en la oscuridad de mis sueños…
Te odié…durante tres segundos…

Volviste, pero yo no estaba…
Eso imaginé con el asombro de un niño…

Te pienso no 24 horas al día,
Sino 200 horas cada semana…
Te conozco…no como la palma de mi mano,
Sino como la forma de mis labios

Sos un sueño…de esos en los que hay unicornios…

Te puedo ver en las noches de verano…
Te paseás por mi cama con tus ojos…

No ha amanecido, pero se ve la sombra de tu espalda…
Esa sombra que da la luz de la luna

Te conozco como Afrodita conoce a Marte…
Esperáme…te prometo que yo llego…
Donde siempre…donde solo te he visto una vez…

En infinitas ocasiones…

En mis sueños…

sábado, 25 de agosto de 2012

Todavía - Mario Benedetti


No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría

palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo

tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto

nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa

sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía

pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro

y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido

y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.

viernes, 24 de agosto de 2012

Corazón Coraza - Mario Benedetti

Porque te tengo y no
Porque te pienso
Porque la noche está con los ojos abiertos
Porque la noche pasa y digo amor
Porque has venido a recoger tu imagen
Y eres mejor que todas tus imágenes
Porque eres linda del pie hasta el alma
Porque eres buena del alma a mí
2012
Porque te escondes dulce en el orgullo
Pequeña y dulce
Corazón coraza

Porque eres mía
Porque no eres mía
Porque te miro y muero
Y peor que muero
Si no te miro amor
Si no te miro

Porque tú siempre existes dondequiera
Pero existes mejor donde te quiero
Porque tu boca es sangre
Y tienes frío
Tengo que amarte amor
Tengo que amarte
Aunque esta herida duela como dos
Aunque te busque y no te encuentre
Y aunque
La noche pase y yo te tenga
Y no

jueves, 23 de agosto de 2012

Canción para la esposa ajena - José Ángel Buesa

La Amiga - Débora Arango
Tal vez guardes mi libro en
alguna gaveta,
sin que nadie descubra cuál relata su historia,
pues será
simplemente, los versos de un poeta,
tras de arrancar la página de la
dedicatoria...
Y pasarán años... Pero acaso algún día,
o acaso alguna
noche que estés sola en tu lecho,
abrirás la gaveta - como una rebeldía,
y leerás mi libro- tal vez como un despecho.
Y brotará un perfume de una ilusión suprema
sobre tu
desencanto de esposa abandonada.
Y entonces con orgullo, marcarás la
página...
y guardarás mi libro debajo de la
almohada.

Dime - Jorge Luis Borges

Dime por favor, donde no estás
en qué lugar puedo no ser tu ausencia
dónde puedo vivir sin recordarte,
y dónde recordar, sin que me duela.

Dime por favor en que vacío,
no está tu sombra llenando los centros;
dónde mi soledad es ella misma,
y no el sentir que tú te encuentras lejos.
Alex Alemany

Dime por favor por qué camino,
podré yo caminar, sin ser tu huella;
dónde podré correr no por buscarte,
y dónde descansar de mi tristeza.

Dime por favor cuál es la noche,
que no tiene el color de tu mirada;
cuál es el sol, que tiene luz tan solo,
y no la sensación de que me llamas.

Dime por favor donde hay un mar,
que no susurre a mis oídos tus palabras.

Dime por favor en qué rincón,
nadie podrá ver mi tristeza;
dime cuál es el hueco de mi almohada,
que no tiene apoyada tu cabeza.

Dime por favor cuál es la noche,
en que vendrás, para velar tu sueño;
que no puedo vivir, porque te extraño;
y que no puedo morir, porque te quiero.

sábado, 18 de agosto de 2012

Pendejada - Sara Graciano

Algo pasa que puedo mirarle fijamente,
E imaginarme lo que pasará luego,
Y nunca pasa lo que quiero, pero en fin,
Pasa siempre que lo miro y me pierdo…

Y sucede también que yo lo toco, y él sonríe
Y yo lo siento tan lejos
A kilómetros su alma de la mía,
Yo lo odio pero quiero darle un beso

 
Me condeno en este abismo de su cuerpo,
Me apasionan su osadía, y su ternura
Y cuando me habla con su tono aventurero
Yo sucumbo en la insensatez y la locura

Pero pasa que desvanezco en el silencio
Y pasa luego que me arrojo al precipicio
Busco su luz, mi guía, sus recuerdos
Y luego aguardo con paciencia y con sigilo
Que él aparezca con su sonrisa en mis sueños

Pasa el tiempo y nada pasa,
Sigue inconclusa la historia, guardado el secreto,
La pasión reprimida, el futuro incierto,
Mis ojos mirándole, descifrando el misterio,
Sus ojos mirándome, proclamándose mis dueños.

jueves, 16 de agosto de 2012

Penumbra - Sara Graciano

No me conoces
Hombre,
No sabes de mis carnales abismos
De mis innumerables lagunas
De mi fobia
De mi lado oscuro
Ni siquiera conoces
Mi lado medio oscuro



No me conoces,
Aventurero,
No sabes de mi locura en las noches
Ni de mi danza con sombras
Ni de mi llanto
Ni de mi canto
Ni de mi herida profunda

No me conoces,
Hombre,
No sabes lo que mis ojos esperan
Ni lo que mi piel recuerda
Ni la decepción que aguarda
Ni las veces que he amado
Ni las veces que me han amado

No me conoces,
Osado
No sabes de mis límites
Ni de mis revelaciones
Ni sabes de lo que pienso
Ni sabes cómo se agita
La piel con la que te toco
Cuando te miro
Y te espero…

No me conoces,
Hombre,
Quiero un instante en tus brazos
Que me raptes,
Y desnudes,
Mis ojos, mi amor,
Mis secretos…

sábado, 11 de agosto de 2012

Los nadies - Eduardo Galeano

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pié derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

lunes, 30 de julio de 2012

Mario Benedetti - Soledades

Ellos tienen razón
esa felicidad al menos con mayúscula
no existe
ah pero si existiera con minúscula
seria semejante a nuestra breve presoledad

después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad

ya se que es una pobre deformación
pero lo cierto es que en ese durable minuto
uno se siente solo en el mundo
sin asideros
sin pretextos
sin abrazos
sin rencores
sin las cosas que unen o separan
y en es sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo

los datos objetivos son como sigue

hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos

claro que la soledad no viene sola

si se mira por sobre el hombro mustio
de nuestras soledades
se vera un largo y compacto imposible
un sencillo respeto por terceros o cuartos
ese percance de ser buenagente

después de la alegría
después de la plenitud
después del amor
viene la soledad

conforme
pero
que vendrá después
de la soledad

a veces no me siento tan solo
si imagino
mejor dicho si sé
que mas allá de mi soledad y de la tuya
otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después
de la soledad.

No quiero nada - Sara Graciano

(2011)

Puedo explicar no querer nada…

Como posarse en la ventana
Y ver la noche triste
Y mirar las gotas
…Y no querer nada

Como pensar que uno está solo,
Que el tiempo es largo,
Y que los sueños se ausentan
…Y no querer nada

Puedo explicar no querer nada…

Como extrañar el sol,
Dormir con frio
Y no esperar mañana

Como volar dormida,
Sin rumbo fijo,
Y que nada aguarde
…y no querer nada

Puedo explicar no querer nada…

Como cansarse,
No creer en promesas,
Perder la esperanza,
Dejar ir los sueños,
Cambiar la sonrisa,
Golpear en el alma,
Buscar estar solo,
Intentar ser mezquino
…Y no querer nada

sábado, 21 de julio de 2012

La muerte de Isolda - Horacio Quiroga

Concluía el primer acto de Tristán e Isolda. Cansado de la agitación de ese día, me quedé en mi butaca, muy contento de mi soledad. Volví la cabeza a la sala, y detuve en seguida los ojos en un palco bajo.
Evidentemente, un matrimonio. Él, un marido cualquiera, y tal vez por su mercantil vulgaridad y la diferencia de años con su mujer, menos que cualquiera. Ella, joven, pálida, con una de esas profundas bellezas que más que en el rostro —aun bien hermoso— residen en la perfecta solidaridad de mirada, boca, cuello, modo de entrecerrar los ojos. Era, sobre todo, una belleza para hombres, sin ser en lo más mínimo provocativa; y esto es precisamente lo que'no entenderán nunca las mujeres.
La miré largo rato a ojos descubiertos porque la veía muy bien, y porque cuando el hombre está así en tensión de aspirar fijamente un cuerpo hermoso, no recurre al arbitrio femenino de los anteojos.
Comenzó el segundo acto. Volví aún la cabeza al palco, y nuestras miradas se cruzaron. Yo, que había apreciado ya el encanto de aquella mirada vagando por uno y otro lado de la sala, viví en un segundo, al sentirla directamente apoyada en mí, el más adorable sueño de amor que haya tenido nunca.
Fue aquello muy rápido: los ojos huyeron, pero dos o tres veces, en mi largo minuto de insistencia, tornaron fugazmente a mí.

Fue asimismo, con la súbita dicha de haberme soñado un instante su marido, el más rápido desencanto de un idilio. Sus ojos volvieron otra vez, pero en ese instante sentí que mi vecino de la izquierda miraba hacia allá, y, después de un momento de inmovilidad por ambas partes, se saludaron.
Así, pues, yo no tenía el más remoto derecho a considerarme un hombre feliz, y observé a mi compañero. Era un hombre de más de treinta y cinco años, de barba rubia y ojos azules de mirada clara y un poco dura, que expresaba inequívoca voluntad.
—Se conocen —me dije— y no poco.
En efecto, después de la mitad del acto mi vecino, que no había vuelto a apartar los ojos de la escena, los fijó en el palco. Ella, la cabeza un poco echada atrás, y en la penumbra, lo miraba también. Me pareció más pálida aún. Se miraron fijamente, insistentemente, aislados del mundo en aquella recta paralela de alma a alma que los mantenía inmóviles.
Durante el tercero, mi vecino no volvió un instante la cabeza. Pero antes de concluir aquél, salió por el pasillo lateral. Miré al palco, y ella también se había retirado.
—Final de idilio —me dije melancólicamente.
Él no volvió más, y el palco quedó vacío.
........................................

—Sí, se repiten —sacudió largo rato la cabeza—. Todas las situaciones dramáticas pueden repetirse, aun las más inverosímiles, y se repiten. Es menester vivir, y usted es muy muchacho... Y las de su Tristán también, lo que no obsta para que haya allí el más sostenido alarido de pasión que haya gritado alma humana. Yo quiero tanto como usted esa obra, y acaso más. No me refiero, querrá creer, al drama de Tristán, y con él las treinta y seis situaciones del dogma, fuera de las cuales todas son repeticiones. No; la escena que vuelve como una pesadilla, los personajes que sufren la alucinación de una dicha muerta, es otra cosa Usted asistió al preludio de una de esas repeticiones... Sí, ya sé que se acuerda... No nos conocíamos con usted entonces... ¡Y precisamente a usted debía de hablarle de esto! Pero juzga mal lo que vio y creyó un acto mío feliz... ¡Feliz!... oigame. El buque parte dentro de un momento, y esta vez no vuelvo más... Le cuento esto a usted, como si se lo pudiera escribir, por dos razones: Primero, porque usted tiene un parecido pasmoso con lo que era yo entonces —en lo bueno únicamente, por suerte—. Y segundo, por que usted, mi joven amigo, es perfectamente incapaz de pretenderla, después de lo que va a oír. Oígame:
La conocí hace diez años, y durante los seis meses que fui su novio hice cuanto estuvo en mí para que fuera mía. La quería mucho, y ella, inmensamente a mí. Por esto cedió un día, y desde ese instante mi amor, privado de tensión, se enfrió.
Nuestro ambiente social era distinto, y mientras ella se embriagaba con la dicha de poseer mi nombre, yo vivía en una esfera de mundo donde me era inevitable flirtear con muchachas de apellido, fortuna, y a veces muy lindas.
Una de ellas llevó conmigo el flirteo bajo parasoles de garden party a un extremo tal, que me exasperé v la pretendí seriamente. Pero si mi persona era interesante para esos juegos, mi fortuna no alcanzaba a prometerle el tren necesario, y me lo dio a entender claramente.
Tenía razón, perfecta razón. En consecuencia, flirteé con una amiga suya, mucho más fea, pero infinitamente menos hábil para estas torturas del téte-à-téte a diez centímetros, cuya gracia exclusiva consiste en enloquecer a su flirt, manteniéndose uno dueño de sí. Y esta vez no fui yo quien se exasperó.
Seguro, pues, del triunfo, pensé entonces en el modo de romper con Inés. Continuaba viéndola, y aunque no podía ella engañarse sobre el amortiguamiento de mi pasión, su amor era demasiado grande para no iluminarle los ojos de felicidad cada vez que me veía llegar.
La madre nos dejaba solos; y aunque hubiera sabido lo que pasaba, habría cerrado los ojos para no perder la más vaga posibilidad de subir con su hija a una esfera mucho más alta.
Una noche fui allá dispuesto a romper, con visible malhumor, por lo mismo. Inés corrió a abrazarme, pero se detuvo, bruscamente pálida.
—¿Qué tienes? —me dijo.
—Nada —le respondí con sonrisa forzada, acariciándole la frente. Ella dejó hacer, sin prestar atención a mi ¡nano y mirándome insistentemente. Al fin apartó los ojos contraídos y entramos en la sala.
La madre vino, pero sintiendo cielo de tormenta, estuvo sólo un momento y desapareció.
Romper es palabra corta y fácil; pero comenzarlo...
Nos habíamos sentado y no hablábamos. Inés se inclinó, me apartó la mano de la cara y me clavó los ojos, dolorosos de angustioso examen.
—¡Es evidente!... —murmuró.
—¿Qué?—le pregunté fríamente.
La tranquilidad de mi mirada le hizo más daño que mi voz, y su rostro se demudó:
—¡Que ya no me quieres! —articuló en una desesperada y lenta oscilación de cabeza.
—Esta es la quincuagésima vez que dices lo mismo —respondí.
No podía darse respuesta más dura; pero yo tenía ya el comienzo.
Inés me miró un rato casi como a un extraño, y apartándome bruscamente la mano con el cigarro, su voz se rompió:
—¡Esteban!
—¿Qué? —torné a repetir.
Ésta vez bastaba. Dejó lentamente mi mano y se reclinó atrás ex el sofá, manteniendo fija en la lámpara su rostro lívido. Pero un momento después su cara caía de costado bajo el brazo crispado al respaldo.
Pasó un rato aún. La injusticia de mi actitud —no veía en ella más que injusticia— acrecentaba el profundo disgusto de mí mismo. Por eso cuando oí, o más bien sentí, que las lágrimas brotaban al fin, me levanté con un violento chasquido de lengua.
—Yo creía que no íbamos a tener más escenas —le dije paseándome.
No me respondió, y agregué:
—Pero que sea ésta la última.
Sentí que las lágrimas se detenían, y bajo ellas me respondió un momento después:
—Como quieras.
Pero en seguida cayó sollozando sobre el sofá:
—¡Pero qué te he hecho! ¡Qué te he hecho!
—¡Nada! —le respondí—. Pero yo tampoco te he hecho nada a ti... Creo que estamos en el mismo caso. ¡Estoy harto de estas cosas!
Mi voz era seguramente mucho más dura que mis palabras. Inés se incorporó, y sosteniéndose en el brazo del sofá, repitió, helada:
—Como quieras.
Era una despedida. Yo iba a romper, y se me adelantaban. El amor propio, el vil amor propio tocado a vivo, me hizo responder:
—Perfectamente... Me voy. Que seas más feliz... otra vez.
No comprendió, y me miró con extrañeza. Yo había ya cometido la primera infamia; y como en esos casos, sentí el vértigo de enlodarme más aún.
—¡Es claro! —apoyé brutalmente—. Porque de mí no has tenido queja.... ¿no?
Es decir: te hice el honor de ser tu amante, y debes estarme agradecida.
Comprendió más mi sonrisa que mis palabras, y mientras yo salía a buscar mi sombrero en el corredor, su cuerpo y su alma entera se desplomaban en la sala. Entonces, en ese instante en que crucé la galería, sentí intensamente lo que acababa de hacer. Aspiración de lujo, matrimonio encumbrado, todo me resaltó como una llaga en mi propia alma. Y yo, que me ofrecía en subasta a las mundanas feas con fortuna, que me ponía en venta, acababa de cometer el acto más ultrajante con la mujer que nos ha querido demasiado... Flaqueza en el Monte de los Olivos, o momento vil en un hombre que no lo es, llevan al mismo fin: ansia de sacrificio, de reconquista más alta del propio valer. Y luego la inmensa sed de ternura, de borrar beso tras beso las lágrimas de la mujer adorada, cuya primera sonrisa tras la herida que le hemos causado es la más bella luz que pueda inundar un corazón de hombre.
¡Y concluido! No me era posible ante mí mismo volver a tomar lo que acababa de ultrajar de ese modo: ya no,era digno de ella, ni la merecía más. Había enlodado en un segundo el amor más puro que hombre alguno ha ya sentido sobre sí, y acababa de perder con Inés la írreencontrable felicidad de poseer a quien nos ama entrañablemente.
Desesperado, humillado, crucé por delante de la sala, y la,vi echada sobre el sofá, sollozando el alma entera, entre sus brazos.
¡Inés! ¡Perdida ya! Sentí más honda mi miseria ante su cuerpo, todo amor, sacudido por los sollozos de su dicha muerta. Sin darme cuenta casi, me detuve.
—¡Inés! —dije.
Mi voz no era ya la de antes. Y ella debió notario bien, porque su alma sintió, en aumento de sollozos, el desesperado llamado que le hacía mi amor —¡esa vez, sí, inmenso amor!
—No, no... —me respondió—. —¡Es demasiado tarde!
........................................

Padilla se detuvo. Pocas veces he visto amargura más seca y tranquila que la de sus ojos cuando concluyó. Por mi parte, no podía apartar de mi memoria aquella adorable belleza del palco, sollozando sobre el sofá...
—Me creerá —reanudó Padilla— si le digo que en mis insomnios de soltero descontento de sí mismo la he tenido así ante mí... Salí enseguida de Buenos Aires sin ver casi a nadie, y menos a mi flirt de gran fortuna... Volví a los ocho años, y supe— entonces que se había casado, a los seis meses de haberme ido y Torné a alejarme, y hace un mes regresé, bien tranquilizado ya, y en paz.
No había vuelto a verla. Era para mí como un primer amor, con todo el encanto dignificante que un idilio virginal tiene para el hombre hecho que después amó cien veces... Si usted es querido alguna vez como yo lo fui, y ultraja como yo lo hice, comprenderá, toda la pureza que hay en mi recuerdo.
Hasta que una noche tropecé con ella. Sí, esa misma noche en el teatro... Comprendí, al ver al opulento almacenero de su marido, que se había precipitado en el matrimonio, como yo al Ucayali... Pero al verla otra vez, a veinte metros de mí, mirándome, sentí que en mi alma, dormida en paz, surgía sangrando la desolación de haberla perdido, como si no hubiera pasado un solo día de esos diez años. ¡Inés! Su hermosura, su mirada —única entre todas las mujeres—, habían sido 'mías, bien mías, porque me habían sido entregadas con adoración. También apreciará usted esto algún día.
Hice lo humanamente posible para olvidar, me rompí las muelas tratando de concentrar todo mi pensamiento en la escena. Pero la prodigiosa partitura de Wagner, ese grito de pasión enfermante, encendió en llama viva lo que quería olvidar. En el segundo o tercer acto no pude más y volví la cabeza. Ella también sufría la sugestión de Wagner, y me miraba. ¡Inés, mi vida! Durante medio minuto su boca, sus manos, estuvieron bajo mi boca y mis,ojos, y durante ese—tiempo ella concentró en su palidez la sensación de esa dicjla muerta hacía diez años. ¡Y Tristán siempre, sus alaridos de pasión sobrehumana, sobre nuestra felicidad yerta!
Me levanté entonces, atravesé las butacas como u sonámbulo, y avancé por el pasillo aproximándome ella sin verla, sin que me viera, como si durante diez años no hubiera yo sido, un miserable...
Y como diez años atrás, sufrí la alucinación de que llevaba mi sombrero en la mano e iba a pasar delante de ella.
Pasé, la puerta del palco estaba abierta, y me detuve enloquecido. Como diez años antes sobre el sofá ella, Inés, tendida ahora en el diván del antepalco, sollozaba la pasión de Wagner y su felicidad deshecha.
¡Inés!.... Sentí que el destino me colocaba en un momento decisivo. ¡Diez años!... ¿Pero habían pasado? ¡No, no, Inés mía!
Y como entonces, al ver su cuerpo todo amor, sacudido por los sollozos, la llamé:
—¡Inés!
Y como diez años antes, los sollozos redoblaron, y como entonces me respondió bajo sus brazos:
—No, no... ¡Es demasiado tarde!...


Quiroga, H. (1985). Cuentos de amor, locura y muerte. Barcelona: Seix Barral.

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