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domingo, 30 de septiembre de 2012

El hombre de deseos infinitos - Sara Graciano

Tenía en su mente la porcelana de su vientre,
Tenía grabada, la fecundidad de sus besos,
Y el rubí escondido bajo la tela oscura…
Y la marca que le había dejado en la oreja con sus dientes

Él tenía en sus recuerdos la suavidad de su espalda,
Y la ternura de sus senos, y la humedad de su cuello
Y no podía olvidarle
Y ya la echaba de menos,
Y él sentía que moría sin sus ojos ni su cuerpo

Recostado y en silencio intentaba callar sus deseos
Y ella luego aparecía, pero eran meros bosquejos,
Sus piernas se estremecían, cuando tocaba sus manos,
¡Qué loca imaginación! Sentía el rubí en los dedos…


Pero él la echaba de menos, aun si la tenía a su lado
Porque sabía bien que ella llevaba por dentro,
Ese tremendo talento de ser el cielo, el infierno,
De ser tan dulce y salada, y hacer detener el tiempo

Este hombre no podía borrar la insensatez del momento
Moría por repetirlo,
Volver su cuerpo a su cuerpo
Sentir su respiración,
Sentir la dicha hasta en los huesos,
Volver a poner sus labios,
En esa mujer de fuego…

La pasión y la locura se adentraron en el hombre
Y en la oscuridad de la noche, el desespera en su lecho
Recordando el regocijo que sintió y esa ternura,
Esa ternura que lo hace un hombre con infinitos deseos.

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