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martes, 6 de mayo de 2014

Tarde en la tarde - Sara Graciano

Ryan Mcginley
El amor se esparció por tus ojos cristalinos,
se cerraron y llovieron sin remedio.
La luna salió en tu cuerpo sin destino,
Era tarde, se morían ya mis versos.

Corrió la suerte por la piel y el claroscuro,
De este amor que es imposible, y que no sigue,
Que se escapa entre los dedos de mis noches,
Cuando te pienso y sueño mis sendas contigo

Canción de tarde que tocaste en mis gemidos,
Mis murmullos no lograron detenerte,
Continuaste tu camino y yo siguiéndote,
Esperé a que avanzaras siendo libre.

El abismo nos espera en la penumbra,
Porque el amor no logra hacer su nido,
En tu alma hecha toda cicatrices,
En tus miedos por la mentira y la herida.

Vi pronunciar un “no” rotundo de tu boca,
Y huí al camino paralelo que había hecho.
Y vi tus alas extenderse por el cielo,
Te vi partir y caer luego por el peso.

Estás herido, no intentes más, estás herido.
Debes despegar tus pestañas aunque duela,
Abrir los ojos y ver toda la vida que te espera,
Sanar la rabia y la vergüenza que te encierran.

Tu cuerpo es bosque de locuras y amargura,
Tu pecho guarda la dulzura y la tristeza,
Y mientras hicimos el amor con la luz diurna,
Yo me di cuenta que mi ventana sigue abierta.

Sigue esperándote esa casa abandonada,
Sigue esperando que le confieses tus penas,
Que regocijes en su vientre tus amores,
Que seas libre, que alces vuelo, aunque sea lejos de ella.

Es lacerante verte dormido entre los quebrantos,
Y al mismo tiempo verte desnudo entre los bejucos,
Si te despiertas, tal vez se avive tu desenfreno
Tu aventurera visión de la tierra
Tu cándido y frágil amor,
Tu lascivia que se agotó en tu primer duelo.

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