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jueves, 20 de octubre de 2016

Es olvido - Nicanor Parra

David Uzochukwu

Juro que no recuerdo ni su nombre,
Mas moriré llamándola María,
No por simple capricho de poeta:
Por su aspecto de plaza de provincia.
¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros,
Ella una joven pálida y sombría.
Al volver una tarde del Liceo
Supe de
su muerte inmerecida,
Nueva que me causó tal desengaño
Que derramé una lágrima al oírla.
Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera!
Y eso que soy persona de energía.
Si he de conceder crédito a lo dicho
Por la gente que trajo la noticia
Debo creer, sin vacilar un punto,
Que murió con mi nombre en las pupilas,
Hecho que me sorprende, porque nunca
Fue para mí otra cosa que una amiga.
Nunca tuve con ella más que simples
Relaciones de estricta cortesía,
Nada más que palabras y palabras
Y una que otra mención de golondrinas.
La conocí en mi pueblo (de mi pueblo
Sólo queda un puñado de cenizas),
Pero jamás vi en ella otro destino
Que el de una joven triste y pensativa.
Tanto fue así que hasta llegué a tratarla
Con el celeste nombre de María,
Circunstancia que prueba claramente
La exactitud central de mi doctrina.
Puede ser que una vez la haya besado,
¡Quién es el que no besa a sus amigas!
Pero tened presente que lo hice
Sin darme cuenta bien de lo que hacía.
No negaré, eso sí, que me gustaba
Su inmaterial y vaga compañía
Que era como el espíritu sereno
Que a las flores domésticas anima.
Yo no puedo ocultar de ningún modo
La importancia que tuvo su sonrisa
Ni desvirtuar el favorable influjo
Que hasta en las mismas piedras ejercía.
Agreguemos, aun, que de la noche
Fueron sus ojos fuente fidedigna.
Mas, a pesar de todo, es necesario
Que comprendan que yo no la quería
Sino con ese vago sentimiento
Con que a un pariente enfermo se designa.
Sin embargo sucede, sin embargo,
Lo que a esta fecha aún me maravilla,
Ese inaudito y singular ejemplo
De morir con mi nombre en las pupilas,
Ella, múltiple rosa inmaculada,
Ella que era una lámpara legítima.
Tiene razón, mucha razón, la gente
Que se pasa quejando noche y día
De que el mundo traidor en que vivimos
Vale menos que rueda detenida:
Mucho más honorable es una tumba,
Vale más una hoja enmohecida,
Nada es verdad, aquí nada perdura,
Ni el color del cristal con que se mira.
Hoy es un día azul de primavera,
Creo que moriré de poesía,
De esa famosa joven melancólica
No recuerdo ni el nombre que tenía.
Sólo sé que pasó por este mundo
Como una paloma fugitiva:
La olvidé sin quererlo, lentamente,
Como todas las cosas de la vida.

lunes, 17 de octubre de 2016

Tengo estos huesos hechos a las penas - Miguel Hernández

Carmen G. Junyen - Glamour
Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.

Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes,
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.

Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.

Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.

Revancha - Sara Graciano

Deseo que la nostalgia te entre toda en un día.
Que recuerdo por recuerdo,
te zambullas en la melancolía.
Que llames, y no haya quién te conteste.
Que corras y no sepas a quién sigues.
Que viajes, que viajes mucho.
Por carreteras que te griten mi nombre llorando,
¡y que llores!
y que llueva en el camino,
y te quedes sin aliento para seguir,
por la nostalgia.

Ojalá que recorras otros cuerpos buscándome.
Y despiertes sin encontrarme,
abrazado a una existencia
que no se compare,
con la vida que te ofrecía mi aliento.

Deseo que recuerdes todo lo bello,
todo lo pasional,
todo lo tierno,
todo lo hermoso…en una noche,
y que esa noche te duela,
como dolió este desamor,
tu indiferencia,
tu abandono.

Deseo que sientas
ganas inmensas de amarme,
de darme un beso, tocarme…
y cuando escribas una carta,
o hagas una llamada,
o me pongas un mensaje,
yo te pueda responder:
“En mi territorio moriste”

Hastío - Sara Graciano

Imagen tomada de película "The pillow book"

A veces uno no quiere poesía,
a veces uno se hastía de poesía,
quiere ser simple, liviano, etéreo,
andar como todos, que en el bus no piensan, sino que descansan.

A veces uno se cansa de la poesía,
y quiere algo ligero
ahogar las ideas en la televisión,
criticar al presidente y quejarse de las deudas.

Uno a veces no quiere poesía,
no quiere mirar todo con dolor o encanto extremo
no quiere melancolizar cualquier recuerdo,
uno no quiere sentirse siempre así tan quebrado,
tan atónito, tan pendejo…

A veces uno se cansa de la poesía,
y quiere más bien ocuparse de la piel que entrega,
en vez de ocuparse de la piel que toca,
uno no quiere pensar siempre en el trasfondo de las cosas,
a veces uno quiere danzar sin saber la letra ni el origen de la música.

Uno se hastía, lo juro, uno se hastía,
de imaginar mil vidas en un solo día,
y acariciar el mundo sin censura,
sintiendo cada tristeza, rencor y nostalgia,
que están contenidas en lo cotidiano.

Cerillos - Sara Graciano

2014



Entre tantas manos que me han tocado el cuerpo,
y entre tanta bruma que me ha generado el éxtasis,
y después de fundir tanto fuego en mí pecho,
me queda todavía, sangre ardiente y jugo espásmico.

En los recuerdos guardo,
ojos teniendo orgasmos,
labios amando en celo.

Tengo llamados urgentes, de continuar gimiendo
y cuartos, sillones, baños, todos testigos de pausas,
de olvidos simultáneos del universo.

Me quedan de los encuentros, rostros que amo a versos,
inspiración insoportable, de poesía y juegos.
Danzas que los pies saben, pasos que el cuerpo aprende.

me queda el sabor salado y olor nostálgico a sexo.

domingo, 24 de julio de 2016

Este es mi sur - E.Andrés Pérez

Tomada de película: Silencio en El Paraíso

Este es mi sur, 
trepado en las montañas,
al borde de los riscos. 
Excavado, apiñado.

Exótico y urbano calle a calle,  
tumultuoso, ruidoso y chambón,
tan ilegal como colorido,  
tan contradictorio, tan frío.

Nublado, empinado y húmedo,
seco, plano y polvoriento,
siempre a punto de inundarse,  
siempre a punto de derrumbarse. 
             
Escondido tras un cerro, 
brillante en sus humildes noches,
atiborrados de parrandas y borrachos,
de ruinas, casitas y socavones.

Este es mi sur, 
compendio de acentos y razas,
insolente, vulgar, sanguinario,
mi sur que muere de hambre y soledad.

Irreal, paradójico, absurdo,    
mitad aldea, mitad ciudad,   
de noches iluminadas,               
de suelos rotos y sumergidos. 

Laberinto de asfaltos resquebrajados,   
de callejones fatales,              
de galladas sedientas,          
de pasiones febriles en postes de energía.

Este es mi sur,                      
aquí nacimos los pobres,                
de aquí nos arranca la ciudad caníbal,                     
de nuestras casas bebe el ciego progreso.
Desde aquí corre la sangre,         
de víctima, de chofer,               
desde aquí brota la vida rebelde,
cándida, incansable e indómita.

Una cárcel, un barrio viejo,             
un lupanar, una cantina,        
un parque, una escuela,         
un perro de hueso, un viejo de lágrimas. 

Este es mi sur,    
empujado sobre los campos y bosques,                     
al borde de la asfixia,                  
envenenado de angustias.

Sembrado de esperanzas,                         
de paciente obra,                         
de sueños armados ladrillo a ladrillo,               
de muertos sin nombre, de vivos sin recuerdos.

Aquí dormimos, amamos, crecemos,             
aquí nos olvidan, aquí olvidamos,     
aquí nos multiplicamos sin medida,       
 aquí celebramos sin futuro.

Este es mi sur,         
el respaldo de la ciudad,        
las tripas vacías del engaño,    
la cucharada amarga del presente.  
  
Este soy, este somos,  
tan impuros, tan negros,                  
tan indios, tan ñeros,                     
tan pobres, tan vivos, tan ciertos.                    

miércoles, 13 de julio de 2016

Exhalación - Sara Graciano

Inhalo, sed de tu cuerpo mojado
Exhalo, alma limpia de culpa
Mi válvula de emergencias,
es de la mitad del cuerpo para abajo.

La bocca, me vino a la piel desprovista,
bajó sin mesura a la entrada,
la convirtió, rápidamente en salida.

Inhalo, pasado y llanto,
exhalo, lecciones de lengua, miradas.
Inhalo, sombras de mí deambulando,
exhalo, se arquea imprudente mi espalda.

Temblorosas, salen las palabras,
agudo y jadeante, el aire.
Las manos, pierden la memoria,
Inhalo…
Exhalo, los ojos se extravían.

sábado, 2 de julio de 2016

Ciudad dolor - Sara Graciano

Foto: Laura Venegas 2016, Todos los derechos reservados
Hoy tengo un desgano amargo y dulce,
sangriento, pobre, desvalido.
Una melancolía extensa,
regada por toda la casa,
secuestrándome la risa,
reteniendo mis pasiones.

Tengo mucho veneno en los labios,
mucha razón en los músculos,
mucho dolor en el vientre,
mucha aventura en las piernas.

Quiero cantar la ciudad,
y decirle de pronto:
Medellín, ven conmigo,
Medellín, sígueme al abismo.
y decirle también,
que con ella desespero,
pero sin ella no existo.

Hacerle tal vez una caricia,
venerarla,
hacerle idolatría,
rezarla.

Que sean sus ruidos mis pecados,
sus olores mi nostalgia.
Que su calor de medio día me tueste las palabras.
todas las que he escrito en su piel, y en sus fachadas.

Hoy me embarga una nieve que no puedo…
no puedo enderezarme o moverme
y Medellín está tan tibia, tan ahumada,
pero no, no es suficiente, a mí me llueve.

“a crédito” “la de moda” “llévela”
Se la llevan los koreanos, los franceses
y por supuesto, los norteamericanos.
Se la llevan, la desvisten, la penetran.
La devuelven, la comentan, ¡y la muerte!

y Medellín sigue de pie,
se arrastra firme entre los baños de los antros,
se vende a 5, a 50 a 500.

Pero no, hoy no me llamen,
hoy no me inviten,
no quiero ver más esta ciudad de incoherencias.
La odio tanto como la amo,
es paranoia, es compulsión,
es obsesión, es repulsión.

Me canso, estoy agotada.
Escucho salsa, y ambulancias…
y una señora pidiendo plata…

Quiero dormir mil veces esta pena.
inundar con mis lágrimas las calles,
que los violines me lisonjeen la violencia,
y el aguardiente ahogue la fiereza de los machos.

Hoy Medellín me aflige más que siempre,
quiero quedarme encerrada en esta altura,
y no salir nunca más a recorrerla,
porque la sufro,
a pesar que la aborrezco.

domingo, 26 de junio de 2016

Ruido - Sara Graciano

Perdón por no darme cuenta,
por no intuir que esto pasaba,
por no construir lo que esperaba a tu lado,
por llorar sin sentido los últimos días.

Es que fue fuerte la invasión,
la violencia de la entrada,
la intromisión sin amor.

Y la bulla no me dejó escuchar que no te amaba,
no te siento,
no me haces falta,
no te quise,
fue un espejismo.

Y duele,
no que te vayas,
sino la superficialidad de la historia,
perder el tiempo,
todo a la mierda!

Me aferro a un desconocido,
a recuerdos ya olvidados.
Intento volver a ellos,
pero siento que estuve sola.

Tu rostro se me borró,
tus manos también del cuerpo.
Tus besos fueron hastío,
al igual que tus abrazos.

Arrepentida salgo de este abismo,
en el que caí sin límite,
al que me arrojaste un día,
y de que yo no quise salvarme.

Y veo el mundo tan distinto,
En mi ausencia creció el vergel,
regreso y recojo júbilo.

Doy gracias que te hayas ido,
me siento en un vuelo encantado,
curada de las heridas,
que tanto dolor me causaron…

Y gracias por tantos daños,
que le sembraste a mi vida.
Sin ellos no habría llegado
hasta aquí fortalecida.

Apenas y a penas - Mario Benedetti

Alex Alemany

Pensó 
         ojalá que no 
pero esta vez acaso sea la última

con el deseo más tierno que otras noches 
tentó las piernas de la mujer nueva 
          que afortunadamente no eran de carrara 
posó toda su palma sobre la hierbabuena 
          y sintió que su mano agradecía 
viajó moroso y sabio por el vientre 
          se conmovió con valles y colinas 
se demoró en el flanco y su hondonada 
         que siempre era su premio bienvenido 
anduvo por los pechos eligiendo al azar 
         y allí se quedo un rato descifrando 
con el pulgar y el índice reconoció los labios 
         que afortunadamente no eran de coral 
y deslizó una mano por debajo del cuello 
         que afortunadamente no era de alabastro

Pensó 
         ojalá que no 
pero puede ser la última 
y si después de todo 
es la última vez 
Entonces cómo            haré mañana 
de donde sacaré la fuerza y el olvido 
para tomar distancia de esta orografía 
de esta comarca en paz 
de esta patria ganada 
           apenas y a penas 
           a tiempo y a dulzura 
           a ráfagas de amor.

domingo, 12 de junio de 2016

El país de los sueños - Eduardo Galeano

Era un inmenso campamento al aire libre.

De la galera de los magos brotaban lechugas cantorasy ajíes luminosos, y por todas partes había gente ofreciendo sueños en canje. Había quien quería cambiar unsueño de viajes por un sueño de amores, y había quienofrecía un sueño para reír en trueque por un sueño parallorar un llanto bien gustoso.

Un señor andaba por ahí buscando los pedacitos deun sueño, desbaratado por culpa de alguien que se lohabía llevado por delante: el señor iba recogiendo lospedacitos y los pegaba y con ellos hacía un estandartede colores.

El aguatero de los sueños llevaba a agua a quienessentían sed mientras dormían. Llevaba el agua a la espalda, en una vasija, y la brindaba en altas copas.

Sobre una torre había una mujer, de túnica blanca,peinándose la cabellera, que le llegaba a los pies. El peine desprendía sueños, con todos sus personajes: Lossueños salían del pelo y se iban al aire.


sábado, 11 de junio de 2016

Te deseo soledad - Sara Graciano

David Uzochukwu
Te deseo soledad,
toda la soledad que se pueda.

Te deseo una soledad prolongada,
cruda,
dolorosa,
lenta,
estancada.

Te deseo pura soledad,
de esa que lo lacera a uno
cuando hace frío.

Soledad absoluta,
tierna y desagradable.
Ir a una playa
y recordar que estás solo.

Soledad pura,
atardeceres llaneros y costeños,
en profunda soledad.

Pero no la soledad rica,
liberadora,
satisfactoria,
que nos sonríe.
Te deseo soledad,
triste,
melancólica,
hiriente,
nostálgica,
doliente…
Un látigo que te recuerde a diario,
que fue un error lastimarme.

viernes, 10 de junio de 2016

La película - Sara Graciano

2013

Una noche, como casi todas las noches de los viernes, yo salí a eso de las 7 para su casa. Llevaba en mi bolso una cámara, un esfero, las llaves de mi casa, una bolsita de pañuelos desechables y dos monedas. Setecientos pesos para pasar la noche en casa ajena, viendo películas y contando historias. Setecientos pesos para comprar un paquete de papitas y hacer de cuenta que estábamos en el cine.

Cuando llegué a su casa, grité como siempre pa’ que me abriera la puerta. Primera foto de la noche: Carlos intentando abrir la reja de su casa, era una escena repetitiva, pues la chapa era rebelde, y por ende, no podía faltar en el álbum.

Risas. Así era nuestra amistad, llena de risas todo el tiempo, y cuando alguno quería llorar, lloraba hasta que alguno de los dos imaginaba algo chistoso, lo decía en voz alta, y se acababa la tristeza. No tolerábamos la melancolía, o más bien, la tolerábamos, pero no era natural entre nosotros. Siempre que contábamos historias, terminábamos riéndonos por alguna razón que todavía no entiendo.

Cuando montábamos en metro, empezábamos a imaginar situaciones y comenzaba una historia como de película, que desafiaba todas las leyes naturales y cuyo efecto, eran dos ruidosas risas, que enfurecían a la gente.

Carlos estaba en 22 de los 27 álbumes de fotografías que tenía almacenados en mi computadora: sus ojos, sus cambios de look y su sonrisa sobretodo, estaban debidamente capturados en cientos de fotografías que tenía guardadas. Carlos era mi amigo, mi hermano, era como un pedacito de mí.

Nos acostumbramos a que los demás amigos nos indagaran sobre el tiempo que pasábamos juntos y a que, quienes no nos conocían pensaran que éramos amantes.  En el mejor de los casos pensaban que éramos hermanos, pero eso llegó a ocurrir, si acaso, dos veces.

Ese viernes, Carlos sacó una cobija verde, en vez de la café que siempre me prestaba, me envolví en ella mientras él arreglaba el sonido y me contaba que Simón, su gato, andaba perdido hacía días, y no había vuelto ni siquiera a comer. Mi cobija verde era delgada, temía que me fuera a entrar el frío a las 3 de la mañana.

Todo listo para la película, y Carlos apagó la luz y se envolvió en la cobija azul desteñida y manchada de siempre. Casi puedo decir que me vi la película sola, Carlos estaba en otro lado, sus ojos puestos en la pantalla y su mente puesta en alguna otra cosa. Supuse que era lo de su gato. Cuando la película acabó, le pregunté qué le pasaba y él me sugirió que tomáramos una cerveza para contarme.

Casi nunca nuestro plan terminaba en birra, pero en vista de que era temprano, salimos a comprar un par en la licorera que quedaba en la mitad de la cuadra. En el camino me contó que su mamá había estado trabajando mucho, que ya casi ni la veía, lo que me hizo pensar que posiblemente no era lo del gato sino eso lo que había hecho que no se concentrara en nuestro ritual de viernes. Decidí de todos modos esperar a que me hablara, que me contara una historia más, que me contara qué le pasaba.

Bebimos la cerveza a sorbitos pequeños pero continuos. Nadie habló, Carlos no dijo nada de lo que le pasaba y yo no pregunté más. Tenía miedo de que el silencio se viera roto por algo triste, algo, a lo que yo no pudiera encontrarle el lado positivo para reírnos.

Volvimos a la casa. Carlos, sacó un cigarro y medio lo fumó. Cuando iba en la mitad, lo dejó por ahí abandonado y comenzó a buscar otra película. No paraba de reír y preguntarme por cosas, estaba evadiendo un tema, era evidente; algo que estuvo a punto de decirme y que creyó sería más fácil de contar después de la cerveza, pero cuya gravedad era tal, que ni la cerveza le hizo aflojarlo.  “Woody Allen?” me preguntó sonriendo, yo respondí moviendo la cabeza de arriba abajo y sonriendo también en un gesto de entusiasmo.

Imagen tomada de: https://903comunicacion.wordpress.com/
2014/08/04/la-mujer-como-fotografa-de-prensa/
Carlos era mi amigo. Me había visto llorar, enfurecer, enloquecer y callar. Me conocía lo suficiente como para saber que odiaba que me tocaran la nariz, pero que me gustaba que me tocaran las orejas. Me conocía lo suficiente como para saber que mi momento favorito del día es ese en el que se oculta el último rayito de sol, cuando está a punto de volverse todo penumbra. Ese era Carlos, él que me había tomado las fotografías más locas que se me habían ocurrido. El que me miraba esa noche de viernes con los ojos puestos por encima del borde de una cobija, en vez de estar mirando la película de Annie Hall.

Para cuando terminó la película, yo estaba congelada. Tuvimos que dormir bajo la misma cobija, era lo máximo que me le había acercado alguna vez y no era nada cómodo para dormir. Nos demoramos mucho en conciliar el sueño.

A lo mejor tuve que haber exigido otra cobija, a lo mejor tuve que haberle vuelto a preguntar a Carlos qué le ocurría, a lo mejor tuve que haberme quedado despierta toda la noche vigilando nuestra distancia, a lo mejor tuve que haber suprimido ese viernes de nuestro ritual, o simplemente haber sacado la cámara de mi bolso y ponerla cerca para que Carlos tuviera algo que hacer cuando despertara.

Lo cierto es que mis ojos no vieron la lente de la cámara cuando desperté, mis ojos vieron otros ojos, que se zambullían en los míos, casi se ahogaban, casi morían, pero no querían ser rescatados. Yo envié órdenes a mi cerebro para desviar la mirada, pero no respondía. Mi mirada, continuó atrapada por la suya, y Carlos me besó. Fue fugaz, fue casi intangible, como un sueño y cuando todavía ninguno de los dos había reaccionado, me dijo: “ya no quiero más películas”.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Canto de esperanza - Daisy Zamora


Algún día los campos estarán siempre verdes
y la tierra será negra, dulce, y húmeda.
En ella crecerán altos nuestros hijos

y los hijos de nuestros hijos…

Y serán libres como los árboles del monte
y las aves.

Cada mañana se despertarán felices de poseer la vida
y sabrán que la tierra fue reconquistada para ellos.

Algún día…

Hoy aramos los campos resecos
pero cada surco se moja con sangre.

martes, 24 de mayo de 2016

Debimos haber hecho más el amor - Sara Graciano

2015

Debí haber pernoctado en tu casa hasta saciarnos
Debimos tocarnos sin vergüenza,
cada parte que deseáramos tocarnos.

¿Por qué no hicimos el amor toda la noche?
¿Y también toda la mañana?
¿Por qué no hicimos el amor cuando quisimos,
como quisimos?
¿Por qué perdimos tiempo en las peleas,
en vez de tocarnos todos los rincones?
¿Por qué no cumplimos la promesa
de desnudarnos un día entero?
¿Por qué no hicimos un amor
que nos durara para siempre?
Un amor que nos durara hasta este día,
en el que el único lugar donde puedo palparte,
es en mi mente.

lunes, 23 de mayo de 2016

Poncho - Sara Graciano

Para un minino que me cambió la vida. 


Estás por toda la casa,
y me sabes a canción de cuna,
a sonata nocturna,
a piano, violín y bandoneón.

Tus pertenencias regadas por toda la casa,
y tus huellas en el tendido rojo de la cama,
en el baño
y en el sofá de la sala…

Tus ojos me miran a través de las fotos,
y me dicen que eres un ángel que llegó a alegrarnos,
con ronroneos y saltos de potrico.

Esta es una tonada, o un verso, o unas palabras,
para que desde lejos, me escuche tu corazón,
y él te diga lo mucho que me haces falta
y te anime a volver con nosotras,
a venir, a seguir llenando de pelitos la ropa.

Pero no te afanes saltarín,
yo te espero si quieres otro día,
aquí está tu espacio libre en la casa,
y en los rinconcitos de mi corazón.

Te espero pues mi ricurita,
mi beibi-blu,
mi locurita.
Te espero con la cobija que te gusta,
y con galletas, y con amor.

domingo, 22 de mayo de 2016

Desinfección - Sara Graciano


Te vas volviendo menudito,
una gotica insignificante en el mar,
un fantasma que ya ni miedo da,
memoria de caverna oscura,
húmeda, fría, gélida, mortal.

Ya no hay más odio pa’ ti,
ni le dan ganas a las lágrimas de salir.
Ya no hay nostalgia, no hay.
Te vuelves diminuto en mi universo.

Inspiras lastima de no amar,
de desechar la oportunidad.
De no sentir, no vivir, no llorar.
Lastima de cobarde y pusilánime.
Lastima de soledad y frivolidad.

Te esfumas rápidamente de mi dolor.
Desapareces, ya no te puedo casi ni ver.
Inscrito con lápiz estabas, ya te borré,
Las cosas falsas duran muy poco, ya lo probé.

Amor postizo, falsificado, artificial.
Cuerpo minúsculo, fácil de olvidar.
¿A dónde irás? ¿Quién es la próxima en succionar?

miércoles, 18 de mayo de 2016

Vení, tocá, aquí - Sara Graciano

Lilith - John Collier
Canción nocturna, vení
Palabra en celo, vení
Pasión onírica, vení
Pasaporte a mi piel, vení

Desenfreno sensual, tocá
Saxofón carnal, tocá
Puerta al huracán, tocá
Vibración obscena, tocá

Polvo tendido, aquí
Cuerpo anhelado, aquí
Vendaval anunciado, aquí
Punzada en el pecho, aquí

Hombre deseado, vení
por todas mis sendas, tocá
con exceso, pronto, aquí.⁠⁠⁠⁠

martes, 17 de mayo de 2016

Noche de lluvia - Juana de Ibarbourou

Costa Dvorezky - Salsa Teacher
Llueve..., espera, no te duermas,
Quédate atento a lo que dice el viento
Yo a lo que dice el agua que golpea
Con sus dedos menudos en los vidrios.
Todo mi corazón se vuelve oídos
Para escuchar a la hechizada hermana,
Que ha dormido en el cielo,
Que ha visto el sol de cerca,
Y baja ahora, elástica y alegre,
De la mano del viento,
Igual que una viajera
Que torna de un país de maravilla.

¡Cómo estará de alegre el trigo ondeante!
¡Con qué avidez se esponjará la hierba!
¡Cuántos diamantes colgarán ahora
Del ramaje profundo de los pinos!

Espera, no te duermas. Escuchemos
El ritmo de la lluvia.
Apoya entre mis senos
Tu frente taciturna.
Yo sentiré el latir de tus dos sienes,
Palpitantes y tibias,
Tal cual si fueran dos martillos vivos
Que golpearan mi carne.

Espera, no te duermas. Esta noche
Somos los dos un mundo,
Aislado por el viento y por la lluvia
Entre las cuencas tibias de una alcoba.

Espera, no te duermas. Esta noche
Somos acaso la raíz suprema
De donde debe germinar mañana
El tronco bello de una raza nueva.

lunes, 16 de mayo de 2016

Deja Vu - Adalgisa Neri

El reencuentro - Carmen G. Junyen
no sé de qué manera
ni bajo qué propósito
estás de regreso
y tan precisa
tan abrupta tu presencia
vuelve a dar en mi pecho

entonces yo también vuelvo
y es inevitable
como agua me acomodo al recipiente
y reposo
o recuerdo
no hay diferencia en esto
a no ser
por esa cicatriz que disimulo
cuando gana la intemperie

regresaste y vuelve mi mano sobre la tuya
un día sobre el otro
y letra por letra
vuelve a las cosas que tocamos
su primer nombre

advierto que hasta entonces
no supe de qué se trataba el retorno
y sabras que el verde verde limón
que se desangra en la rama
soy yo

sábado, 14 de mayo de 2016

Quería comerme las galaxias - Reina María Rodríguez

Costa Dvorezky - Kiss
somos una especie formal.
también
planificamos el amor
buscamos llaves
y nos tratamos de querer
alumbrados
aunque sea
por un pequeñísimo mechón.
anoche
dimos el salto cualitativo:
de las piedras
pasamos a la cama.
tu cuerpo y mi cuerpo
extraños
angulosos
incapaces de comprenderse.
no no fuimos insectos transparentes
no supimos volar
hacia la perfección
quién sabe si podamos resucitar
si el después nos vuelve
si podré rehacer los imancitos
porque soy torpe rígida tal vez
pequeñoburguesa entre las sábanas
y nos faltó el valor de la inocencia
deshacernos los yo
detener los tranvías que ocupamos
y esa cantidad de cariño que nos falta.
perdóname
yo de verdad
quería comerme las galaxias.

domingo, 8 de mayo de 2016

Guerrera María - Sin título

Tomada de:
 http://www.revistaactual.info/2015/07
/tres-tecnicas-para-darle-el-mejor-
sexo.html?m=0
Tuve tu rostro entre mis piernas
haciéndome cosquillas con la lengua.
A lo lejos se te veía saliendo de mi vientre
como un hijo recién parido
que aún está unido a su madre.
Pero tú no nacías de mí
era sólo cuestión de perspectiva,
pues nacíamos juntos,
a la dicha
a la explosión calma,
al suspiro contenido
a las delicias de la carne,
de las nuestras
u n i d a s.

lunes, 25 de abril de 2016

Cantar y danzar - Sara Graciano

Flor Maria Bouhot
Cantaré porque no estás. Porque no estás danzaré.
Vibraré y aniquilaré lo que dejaste en marañas.

Bailaré en círculo, en péndulo, en aura,
intuitiva y ruidosamente.
Moveré la cadera derecha hacia adelante.
Buscaré en el horizonte ser fecunda, 
cosechar de nuevo.
Darle frutos a mi alma, retoñar por dentro. 

Y cuando me canse, moveré mi vientre,
ondularé las manos
Dibujaré con mi cuerpo la primavera, 
para que se me siembren flores en los vacíos que dejaste.

Como no estás, cantaré.
Diré lo que silencié.
Sacaré del baúl, las palabras que me guardé.
Y oiré mi voz en las nubes, 
retumbando en edificios, 
haciendo eco en las montañas, 
retornando a tu oído.

Me escucharé y me escucharás 
y yo lloraré y tu lloverás. 
Yo de felicidad, tu de soledad.
Y cantaré, mi voz te perdonará, mi cuerpo te olvidará,
mis manos…ya no te harán café,
porque van a danzar y saltar.

Canciones se van a oír, 
pero no serán para ti. 
No despertarás con mi voz, ni con mis caricias.

Bailaré porque ya no estás. Porque ya no estás, cantaré. 

jueves, 14 de abril de 2016

Paisaje - Sara Graciano

2015
Todos los derechos reservados, Sara Graciano 2016
Entre los morichales algún día,
hallaré tus recuerdos, escucharé tus palabras,
sentiré el agua retozando en mi cuerpo,
moriré de amor y de hastío.

Entre un río azul en la selva,
encontraré la luz de tus ojos,
mirándome entre las ramas de los árboles,
zambulléndose en el fondo y en mi cuerpo.

No podré evitar tu olor en las entrañas,
la sal saboreada en nuestros viajes,
te encontraré en las huellas de una playa,
o en la champeta ruda que bailamos,
o en acordeones, 
o en pueblos costeños.

Y te veré también en las montañas,
en los tapices verdes de la tierra,
te contaré en mis sueños que te espero,
caminaré buscándote en las urbes,
desesperada me hallaré en los caminos,
los oficiales,
los escondidos,
y en el anonimato de la gente,
veré tu rostro como espejismo.

Pero qué más es esto que yo siento,
sino una frustración de mi esperanza,
una cadena fuerte que me ata,
una ilusión nociva de estar contigo.

No encontraré el fantasma de tus labios,
y mucho menos el abrazo que me diste. 
No responderás a mis llamados,
no entenderás la angustia que me extingue,
no verás mi rostro en la multitud, 
tampoco sentirás mi olor imaginado en tu almohada
No ojearás una y otra vez los álbumes,
no querrás mi presencia en tu cama.
No vivirás extrañándome toda,
ni revivirás una y otra vez nuestras escenas.

Te inventaré fundido en mis vigilias,
te crearé recostado a mi lado,
y por más que desee que te extingas,
te amaré, como un suplicio de mi pasado.

La ausencia - Sara Graciano

2015
La Petite Danseuse - Francine Van Hove

Otra vez desbaraté la morfología de mi pena,
supe que era otra la razón por la que habías venido.

Creí tener la razón, no equivocarme de nuevo,
lloré otra vez pensando que estaba haciendo el duelo,
te extrañé, te recordé, te escribí, te invoqué,
y pensé que era suficiente.

Pero resultó ser otro dolor y espejismo,
todavía estabas en mí, morabas en mi olvido,
por más que abrí la puerta,
por más que amplié mi alma para que te fueras,
no conseguí que tu Ausencia se callara.

No aprendí el silencio, ni la calma,
ni a parar de marcar el teléfono
ni a dejar de apretar el botón de envío.

Tampoco supe desamarte,
mucho menos desarmarte,
y tuve fallidos intentos de ignorarte.

Me engañé mil veces, sintiendo que te habías ido,
pensando que ya no estabas,
creyendo que estaba a salvo,
y pasé por alto que estaba el vacío,
que seguías más vivo que nunca en tu Ausencia.

Más allá del amor - Octavio Paz

Natalie Shau
Todo nos amenaza:
el tiempo, que en vivientes fragmentos divide
al que fui
del que seré,
como el machete a la culebra;
la conciencia, la transparencia traspasada,
la mirada ciega de mirarse mirar;
las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la yerba,
el agua, la piel;
nuestros nombres, que entre tú y yo se levantan,
murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba.

Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas,
ni el delirio y su espuma profética,
ni el amor con sus dientes y uñas nos bastan.
Más allá de nosotros,
en las fronteras del ser y el estar,
una vida más vida nos reclama.

Afuera la noche respira, se extiende,
llena de grandes hojas calientes,
de espejos que combaten:
frutos, garras, ojos, follajes,
espaldas que relucen,
cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos.

Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma,
de tanta vida que se ignora y se entrega:
tú también perteneces a la noche.
Extiéndete, blancura que respira,
late, oh estrella repartida,
copa,
pan que inclinas la balanza del lado de la aurora,
pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida.

El egoísmo - Sara Graciano

Michael Khokhlachov
2015

Te quedarás en tu trono,
alejado del mundo, y vivirás la miseria de no tocar el sol
Serás uno más de la república exitosa
y viajarás por el mundo probando sabores:
amargura en tu cama, dulzura en el bar.
Soledad en la tiniebla: te hundirás en las letras
de preguntas que jamás te responderás.
Mirarás al pasado, odiarás tu futuro,
y por muchos acantilados tu cuerpo rodarará.
Y rodarás por pieles, y por labios sin alma,
y con banal orgullo te vas a embriagar.

Correrán los días por tu piel, tus huesos…
temerás ser anciano, más que a morir ahogado.
Despreciarás tu cuerpo, más que a la gente pobre,
porque tendrá defectos, que no podrás deshacer.
Transcurrirán tus días, escuchando aduladores,
que sólo querrán extraer y extraer.
Y un día cualquiera, estarás tan cansado,
te hartarás de estar permanentemente agotado,
intentarás volver con nostalgia al pasado,
y te darás cuenta que es muy tarde para reverdecer

Dolor - Alfonsina Storni

Salvador Dalí
Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos 
y la boca muda, dejarme llevar; 
ver cómo se rompen las olas azules 
contra los granitos y no parpadear; 

ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...

Perder la mirada, distraídamente, 
perderla y que nunca la vuelva a encontrar: 
y, figura erguida, entre cielo y playa, 
sentirme el olvido perenne del mar.

El gran amor – José Ángel Buesa

Alex Alemany

Un gran amor, un gran amor lejano
es algo así como la enredadera
que no quisiera florecer en vano
y sigue floreciendo aunque no quiera.

Un gran amor se nos acaba un día
y es tristemente igual a un pozo seco,
pues ya no tiene el agua que tenía
pero le queda todavía el eco.

Y, en ese gran amor, aquel que ama
compartirá el destino de la hoguera,
que lo consume todo con su llama
porque no sabe arder de otra manera.

Infinita en mi afecto - Sara Graciano

2015

Perdona si otra vez me marcho
y que una vez más te acompañe mi ausencia,
pero recuerda mujer
que en mi pecho contengo todo tu abrazo,
tu risa, tu paciencia, tu fuerza,
todo lo que me entregaste en madrugadas,
cuando tu desvelo significaba
el afán por mantener mi existencia.

Alex Alemany
Mujer, regazo, cuna, ensenada, que me recoge,
sabes que hoy parto, porque el viento me tocó la cara
y quise seguirlo y no paro.
Pero tu susurro lo encuentro en la montaña, en el río,
en la mañana que el sol me toca,
en el llanto y la angustia.
Te escucho en mi cuerpo, contándome de tu amor,
te siento en los pies si corro por la arena,
te veo en mis sueños, sonriendo y te recuerdo,
invoco tus ojos dulces, tu caricia sublime,
tu cabello, tus mejillas, y tus manos milagrosas.

Hermosa dama que me dio vida
y me llenó de savia y sustancia,
y me llenó de luz el pensamiento,
y me llenó de amor el alma,
nunca olvides que te amo,
que eres infinita en mi afecto,
que eres la pasión que me mueve,
que eres la razón de mis días,
y que a veces sufro, y a veces aguanto,
pero contigo y para ti,
sólo soy mujer y libertad completa.

Azul de ti - Eduardo Carranza

Todos los derechos reservados Sara Graciano, Foto: 2015
Pensar en ti es azul, como ir vagando
por un bosque dorado al mediodía:
nacen jardines en el habla mía
y con mis nubes por tus sueños ando.

Nos une y nos separa un aire blando,
una distancia de melancolía;
yo alzo los brazos de mi poesía,
azul de ti, dolido y esperando.

Es como un horizonte de violines
o un tibio sufrimiento de jazmines
pensar en ti, de azul temperamento.

El mundo se me vuelve cristalino,
y te miro, entre lámpara de trino,
azul domingo de mi pensamiento.

La gaita hembra - Sara Graciano

Wilfrido Enrique Ortega Rey
La gaita que estuvo entre mis piernas,
ahora está en tu boca.
Y frunces los labios para tocarla, la soplas y le das vida.
La tomas suavemente entre los labios,
cierras los ojos y la tocas,
y ella se queja, maulla, llora,
gime sensualmente.

La gaita que estuvo entre mis piernas,
lleva mi olor y mi delirio,
mi soplo ardiente,
mi humedad caliente, mi deseo y mi aliento.

Y ahora tú la llenas de tu aliento,
la amordazas con tu boca, la desnudas.
Has olido mi deseo en su madera,
te has llenado de lascivia.

Insomnio - Sara Graciano

2015
La res-pública, Carlos Correa

Soñé muchas noches perdida
que el golpe-trueno de un tiro,
atravesaba la tierra.

Y la tierra no era únicamente ese conjunto de minerales donde se siembran semillas.

La tierra era la vida.
Y la tierra moría en manos en-fusiladas.
Se desmoronaba.
Y el verde de la montaña, caía agónico y sediento.
Fiera bajaba la vida,
rodando por la pendiente:
impotente, débil enfurecida.

Un campesino corriendo,
aves huyendo del ruido,
mujeres dolientes del vientre,
orquídeas recién nacidas,
hechas ceniza por las sombras.

Fantasmas buscando la luz,
que alberga la tierra en su oro.
Hombres sin alma,
espectros,
robando la vida que les falta.

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