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martes, 25 de abril de 2017

Ovejas - Sara Graciano

Cuadro ubicado en la casa de la cultura de Ovejas, Sucre
La vida era un ensueño.
Los quejidos de las hembras,
los suspiros de los machos…
tan reales como mágicos,
la tambora,
el alegre
y la maraca.

Abríamos los ojos,
los oídos
y las manos,
y en cada apertura,
encontrábamos agua y arena caribeñas.

Besábamos las notas,
bailábamos con ellas,
salían mariposas de nuestros cabellos y faldas.
Andábamos confiadas de nuestros cuerpos.

Se suspendió el tiempo,
se nos llenaron las pupilas de colores y origen.
Se nos llenaron la carne, el sudor y las lágrimas,
de vibraciones indígenas,
de danza y voces negras.

Nos internamos: tiempo y espacio
en nuestra creación.
Fuimos re-creadas por los sonidos,
nacidas de la música
y los acentos.

Nos engendraron las gaitas,
para sentirlas adentro.
Macho y hembra se unieron,
somos sus hijas,
y llevamos el folclore
en cuerpo, alma y pensamiento.

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