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lunes, 30 de abril de 2018

Río Negro - Sara Graciano

Nos oscurecimos
y cayó el dorado
sobre nuestros rostros.
Nos oscurecimos,
cantó la cigarra, 
nos ensordeció.

Nos entrelazamos
entre mil canciones
y nos despertó,
la lluvia nocturna,
estruendosa y fría
que nos hizo hablar.

Tal fue la palabra
que esa noche hicimos,
Todos los derechos reservados, Sara Graciano, 2018
que el sol renació.
El mambe nos hizo
intimar pensamientos,
fue una conexión.

Sueños calurosos,
nos humedecieron
la selva y el raudal.

Nos oscurecimos
como el río rojo
al desembocar.
Que se torna negro
al juntar sus aguas
con las del mayor.

Nos oscurecimos
y fuimos cediendo
la vista al corazón,
y mientras nos mecíamos
yo veía tus ojos
desaparecer.

Los abuelos arboles
nos resguardaron
de la tempestad.
Nos guiaron
imponentes y cósmicos
a nuestro interior.


Nos oscurecimos
y por fin escuchamos
nuestra propia voz
Nos oscurecimos
y entonces el tacto
nos agradeció.

Tocamos el musgo,
la piel empapada,
los hongos,
el vapor…

La selva ruidosa,
nos dio su concierto
al atardecer.
Y el sol fue pintando
en tus ojos claros,
una abstracción.

Nos oscurecimos
y nos dio la sombra
una revelación.
La madera olía
a niebla y a yuca,
a ceniza y sudor.

Nos oscurecimos
y oído, olfato y tacto
tuvieron el honor,
de comunicarnos,
el milagro hermoso
de la oscuridad.

Nos oscurecimos
y tu lengua seca,
mi piel reclamó.
Infinitos dialectos
para amar el cuerpo,
ella me ofreció.

En tu boca tiznada
con guarumo e’ mambe,
mi río corrió.
En tus aguas negras,
mi caño escarlata,
desembocó.

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